11/09/07

Santiago de Xile, 11 de setembre de 1973

És prou recurrent el fet de recordar dates i fets històrics just el dia en que s´acompleixen anys d´una fita més o menys històrica, no crec necessari recordar què és el que va succeir a Nova york un onze de setembre de fa sis anys, o més a prop, i hui també, com es celebra a Catalunya la seva diada nacional.

Podria omplir cadascun dels dies d´aquest bloc si em dedicara a fer un recull d´efemèrides que substancialment han influït en la història col·lectiva de tots nosaltres.
Però també és cert que, de vegades, cal fer una petita ressenya sobre alguns fets que tenen poca o ninguna cabuda als titulars dels "mass media" actuals, considere que no és just l´oblit al què es condemna part de la història, aquella que no ven portades als diaris, la que crida poc l´atenció als telenotícies, en resum, aquella per la que una part gens despreciable de la població sent una absoluta indiferència.

Trista memòria aquella que viu només d´esdeveniments cridaners i espectaculars, i que no li presta atenció als petits detalls, als petits fets i moments, que amb el pas del temps configuren el nostre present, el de tots.

Un onze de setembre de 1973 s´afegia un altre dia negre a l´agenda de desgràcies que ha hagut de suportar el poble de l´Amèrica llatina.

Una altra negra efemèride que recordar, propiciada en gran part per les ingerències estrangeres dels de sempre, i embravida pels grans amos de la terra juntament amb l´estament militar del país.

Abans del cop d´estat que va encapçalar el general Augusto Pinochet , Xile vivia un procés de pseudo-socialisme dirigit pel seu president.

Salvador Allende portava endavant un somni, portava endavant un país, i possiblement amb ell, estaven també les esperances d´altres països que, com Xile, creien en la possibilitat d´un mon més just, però el resultat d´aquest somni no va resultar tant plaenter, i sobtadament es convertí en malson quan el cop d´estat va derrocar aquell govern legítim.

Amb el suïcidi de Salvador Allende aquell mateix dia, moria no tan sols un home, amb ell se´n anava la il·lusió de fer realitat el que el poble demanava, la utopia d´un Xile veritablement socialista.

Amèrica llatina i el poble de Xile plorarien amargament aquella pèrdua, malauradament començaven disset anys d´una exageradament repressiva dictadura militar, que sumirien el país en una atmosfera irrespirable de pors i desconfiances.

Seguidament us penje l´últim discurs d´Allende instants abans de la seva mort, no te desperdici, clicant a l´enllaç youtube podeu sentir-ho, la part final fa aborronar.



......de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Salvador allende 11 de setembre de 1973





9:10 A.M. Radio Magallanes

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de radio Portales y radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director general de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar!

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo a ustedes, sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases que defendieron también las ventajas de una sociedad capitalista.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.